Las mejores playas de Oaxaca sin turistas: más allá de Zipolite y Puerto Escondido

Hay playas en Oaxaca que no aparecen en Instagram. Playas de pescadores, sin palapas de cocteles, sin DJ al atardecer. Te cuento cuáles son y cómo llegar.

La primera vez que fui a la costa de Oaxaca creí que ya conocía lo alternativo. Elegí Zipolite en vez de Puerto Escondido, me quedé en un hostal nudista porque sonaba interesante, y me convencí de que había escapado del turismo masivo. Tardé exactamente dos días en darme cuenta de que Zipolite tampoco es ningún secreto: hay extranjeros por todos lados, los mezcales cuestan lo que en Condesa, y cada cabaña decente ya está en Booking.

No está mal. Zipolite tiene su encanto. Pero si lo que buscas son playas donde el único ruido sea el de las olas y algún panguero que sale a las cinco de la mañana, necesitas ir más lejos, o más cerca, pero por caminos que nadie te va a recomendar en TripAdvisor.

Playa La Ventanilla: la que está junto a Mazunte pero no es Mazunte

Mazunte tiene fama de hippie auténtico. La verdad es que la plaza principal está llena de locales que venden lo mismo que en cualquier mercado artesanal del país, y los hostales más baratos ya cobran 350 pesos por hamaca. No digo que sea malo, digo que ya no es el secreto que era hace diez años.

Pero a tres kilómetros al este de Mazunte, siguiendo un camino de terracería que ningún Uber va a querer tomar, está La Ventanilla. Cuando llegué eran las once de la mañana y había exactamente cuatro familias mexicanas y yo. La playa es larga, de arena oscura característica de Oaxaca, con un estero detrás donde los cocodrilos asolean sin vergüenza.

Hay una cooperativa local que ofrece recorridos en lancha por el manglar. Cobran 120 pesos por persona y el guía conoce a cada cocodrilo por nombre, sin exagerar. No hay precio de lista en ningún letrero, preguntas directamente en la palapa de la entrada.

Para llegar desde Puerto Escondido tomas una combi hacia Pochutla (35 pesos, salen de la central camionera) y le dices al chofer que te baje antes de Mazunte, donde el letrero de La Ventanilla. Desde ahí son 20 minutos caminando o 50 pesos en mototaxi.

Playa Escobilla: tortugas y prácticamente nadie más

Escobilla es famosa entre los biólogos y casi desconocida para los turistas comunes. Es uno de los principales sitios de anidación de tortuga golfina en el mundo. Durante la temporada de arribo masivo, que ocurre generalmente entre agosto y diciembre, miles de tortugas salen del mar en una sola noche.

El acceso está controlado por una cooperativa comunitaria. Cobran una cuota de entrada de 80 pesos por persona y el número de visitantes está limitado. Las visitas nocturnas para ver el desove cuestan 200 pesos adicionales e incluyen un guía que te explica qué puedes y qué no puedes hacer cerca de los nidos.

La playa en sí es impresionante aunque no sea temporada. Arena oscura, olas bravas, sin un solo hotel en kilómetros. La carretera llega hasta ahí, son aproximadamente 45 minutos al este de Puerto Escondido en camión de segunda clase o en una combi desde Santa María Tonameca.

No hay donde quedarse en Escobilla. Hay que regresar o acampar con permiso de la cooperativa, lo cual algunos hacen durante los arribos masivos. Si acampas llevas todo: agua, comida, malla antimosquitos. Las noches en temporada de lluvia son cosa seria.

Bahía de Chipehua: la que ni Google Maps tiene bien ubicada

Esta es la que más trabajo me costó encontrar. Un señor en la combi entre Pochutla y Huatulco me dijo “hay una bahía tranquila antes de la zona de bahías, por el lado de Santa Cruz pero sin llegar”. Tardé tres intentos en encontrarla.

Chipehua es una bahía pequeña, protegida, con agua relativamente tranquila en comparación con las playas abiertas del Pacífico oaxaqueño. El agua es más transparente que en Zipolite, el oleaje es manejable para nadar, y los días que fui había un máximo de veinte personas, todas locales que llegaron en coche desde las comunidades cercanas.

No hay palapas de restaurante, hay un par de familias que ponen hielera con cervezas los fines de semana. Llevas tu comida, llevas tu agua, llevas tu protector (que sea biodegradable o te vas a sentir muy mal cuando veas el coral de cerca).

El acceso es complicado de explicar sin conocer la zona. Lo más práctico: en Puerto Escondido toma un taxi colectivo hacia Bahías de Huatulco, dile al chofer que te quieres bajar en el desvío de Chipehua. De ahí al agua son unos 15 minutos en moto o 40 caminando.

Playa Cacaluta: la de la película, pero sin la película

Cacaluta aparece en “Y tu mamá también” y sin embargo sigue siendo difícil de llegar. Eso dice mucho de lo remoto que es el lugar. Está dentro de la zona federal de protección de Huatulco, lo que paradójicamente la protege del desarrollo turístico masivo.

Para entrar necesitas pagar el acceso al área natural protegida: 65 pesos por persona. A partir de ahí hay dos opciones: tour en lancha desde Santa Cruz (350 pesos por persona, incluye otras bahías) o llegar por tierra caminando unos 45 minutos por sendero desde la carretera. El camino de tierra es el que vale la pena si quieres llegar cuando los tours todavía no han descargado su carga de turistas.

La bahía tiene dos secciones separadas por una franja de roca. La parte norte tiene olas, la sur es más tranquila. La arena es blanca, el agua es azul verdoso, y la sierra baja casi hasta la orilla. En días de semana fui solo por hora y media, hasta que llegó la primera lancha.

Playa San Agustín: accesible pero ignorada

No entiendo por qué San Agustín no está en todos los listados de Huatulco. Está a 20 minutos de Santa Cruz en taxi colectivo (30 pesos), tiene agua clara, restaurantes de mariscos en la playa con precios honestos (un caldo de camarón: 120 pesos, una mojarra frita: 95 pesos), y el fin de semana más tranquilo que yo vi tenía menos gente que la Playa del Carmen en martes de temporada baja.

La playa es larga, plana, con palmeras naturales (no las que plantan los hoteleros). Hay lanchas disponibles para ir a bahías más remotas desde ahí, a precios negociados directamente con los pescadores: 600-800 pesos por el bote, no por persona, lo que cambia mucho la ecuación si vas en grupo.

Lo que cuesta realmente un día de playa en Oaxaca

Si te quedas en Puerto Escondido en hostal decente: 350-500 pesos la noche. Si encontrás un cuarto en algún pueblo del trayecto (Mazunte, Zipolite, San Agustinillo): 200-400 pesos. La comida en los puestos locales, no en los restaurantes con nombre en inglés del malecón, ronda los 80-150 pesos por plato fuerte.

El transporte por combis y camiones de segunda clase es barato: ningún tramo entre playas debería costarte más de 80 pesos. Los taxis colectivos son la clave para moverse sin pagar precios de turista.

Lo que sube el presupuesto es cuando caes en las trampas: el mezcal en bar de Zipolite (120 pesos la copita versus 40 en una vinería local), el tour de “playas exclusivas” cuando puedes llegar caminando, el hostal con “vista al mar” que en realidad da al estacionamiento.

Cuándo ir

La costa de Oaxaca tiene temporada de lluvias de junio a octubre. Las lluvias son generalmente por la tarde, los días siguen siendo soleados por la mañana. El mar en temporada de lluvias puede estar bravo y las corrientes son impredecibles, especialmente en playas abiertas como Escobilla o los tramos entre Mazunte y La Ventanilla.

Noviembre a abril es la temporada seca y relativamente más fresca. Semana Santa y diciembre-enero están llenos aunque “llenos” en la costa de Oaxaca sigue siendo manejable si te alejas de Zipolite y Puerto Escondido.

Los meses que yo elegiría: octubre (llueve poco por la mañana, hay menos turistas, los precios bajan) o febrero (seco, templado, la laguna y los esteros están en su mejor momento).

La costa de Oaxaca sigue siendo uno de los destinos más honestos del país. Las playas sin nombre todavía existen, los pescadores todavía te venden el pescado directo si llegas temprano, y todavía hay ranchos donde una hamaca y una comida casera cuestan lo que deberían costar. Solo hay que salirse del circuito que todos conocen.

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