Tlaxcala es la capital del estado más pequeño de México. También es, probablemente, la capital de estado menos visitada del país. Pregúntale a diez personas de CDMX si han ido a Tlaxcala y nueve te van a decir que no. Algunos ni saben exactamente dónde queda.
Queda a 120 kilómetros al este de la Ciudad de México. A menos de dos horas en autobús. Y tiene un zócalo tan tranquilo que la primera vez que llegué pensé que habían cerrado algo.
Cómo llegar desde CDMX
Desde TAPO (Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente, metro San Lázaro) hay autobuses frecuentes. La línea ATAH cubre la ruta CDMX-Tlaxcala con salidas prácticamente cada 20 minutos. El boleto cuesta alrededor de 160-190 pesos y el trayecto dura entre 1.5 y 2 horas según el tráfico.
La central de autobuses de Tlaxcala está a unos 10 minutos del centro histórico. Hay taxis (40-50 pesos) y combis.
También puedes ir primero a Puebla y de ahí tomar combi o autobús a Tlaxcala —son 30 minutos adicionales y abre la posibilidad de combinar los dos destinos en un fin de semana.
El zócalo: el más tranquilo de México (en serio)
El zócalo de Tlaxcala tiene algo que perdieron casi todas las capitales: silencio. No hay vendedores ambulantes masivos, no hay conciertos permanentes, no hay tráfico cruzando por la mitad. Hay bancas, palmeras, y gente sentada sin prisa.
El portal de la Lonja al lado del zócalo es del siglo XVII —el primer mercado de América construido específicamente para ese fin, según me explicó un guía de turistas que estaba esperando clientes y me habló aunque no lo contraté.
La parroquia de San José, sobre el zócalo, tiene una fachada barroca en piedra rosada que cambia de color según la hora del día. A las 5 de la tarde, con el sol bajando, se pone casi naranja.
El Palacio de Gobierno: los murales que valen el viaje
Si visitas solo una cosa en Tlaxcala, que sea el Palacio de Gobierno. No por el edificio —aunque es bonito— sino por los murales del pintor tlaxcalteca Desiderio Hernández Xochitiotzin.
Los murales recubren los muros del patio interior y narran la historia de Tlaxcala desde la época prehispánica hasta el presente. Son detallados hasta el punto de que podrías pasar dos horas estudiándolos. Hernández trabajó en ellos durante décadas —los inició en los años 60 y los siguió completando hasta su muerte en 2007.
Lo que los hace diferentes de otros murales famosos mexicanos: Tlaxcala tiene una historia complicada —fue el aliado indígena de Hernán Cortés en la Conquista— y los murales no esquivan esa ambigüedad. No hay héroes simples ni villanos claros. Hay historia.
La entrada al palacio es gratuita. Abre en horario de oficina pública. Yo llegué a las 10 AM y salí a las 11:30.
El exconvento de San Francisco: más de lo que parece
A una cuadra del zócalo hay un exconvento franciscano del siglo XVI que ahora alberga varios museos. El Museo Regional y el Museo de la Memoria tienen colecciones sobre la historia y la cultura tlaxcalteca.
Lo que más me sorprendió: la capilla abierta del convento, usada para evangelización masiva en el siglo XVI, tiene una acústica particular que el guarda del lugar me hizo notar. Hay algo en esa arquitectura que convierte el espacio en algo que no es del todo iglesia y no es del todo teatro.
Entrada a los museos: 50 pesos.
La Basílica de Ocotlán: la caminata que vale la pena
A 20 minutos a pie del centro (o 15 pesos en taxi) está la Basílica de Ocotlán, uno de los edificios barrocos más elaborados de México. La fachada blanca con azulejos de Talavera es visualmente irresistible —fotografía perfecta en cualquier condición de luz.
El interior es un barroco que no frena: retablos dorados, pinturas, ornamentación que satura el ojo de manera deliberada. No soy religioso, pero estuve ahí parado 15 minutos sin poder salir.
La basílica sigue activa —es un santuario de peregrinación importante en la región. Los sábados y domingos hay gente llegando de muchos pueblos del estado.
Qué comer en Tlaxcala
La gastronomía tlaxcalteca usa ingredientes que otras cocinas regionales perdieron:
- Mole negro tlaxcalteco: diferente al oaxaqueño, más oscuro y especiado.
- Tlatlapas: guiso de frijoles negros con epazote. Lo encontré en el mercado y era exactamente el tipo de cosa que te calienta el estómago en un día de altiplano.
- Pulque: Tlaxcala es zona pulquera. Hay pulquerías en el centro y en los alrededores. El curado de apio que pedí en una que se llama simplemente “La Pulquería” fue una decisión correcta.
Para comer: el Mercado Emilio Sánchez Piedras, a dos cuadras del zócalo, tiene fondas con comida corrida por 80-100 pesos. Desayuné ahí los dos días que fui.
Para cena: hay restaurantes en el portal del zócalo. El precio sube (130-180 pesos un plato), pero la calidad también.
Dónde dormir
Hay hoteles en el centro desde 500-600 pesos la noche (Hotel Alifer, por ejemplo). Para mochilero, hay algunas posadas y hospedajes básicos cerca de la central de autobuses.
Tlaxcala también funciona perfectamente como visita de un solo día desde CDMX o como parada intermedia entre la capital y Puebla.
Presupuesto de un día
- Autobús CDMX-Tlaxcala ida y vuelta: 360 pesos
- Museos y palacio de gobierno: 50 pesos (solo museos, palacio es gratis)
- Comidas: 250 pesos
- Taxi a Ocotlán y regreso: 80 pesos
- Pulque y snacks: 80 pesos
- Total: 820 pesos
La cosa de los tlaxcaltecas
Los tlaxcaltecas aliados de Cortés son uno de los temas más incómodos de la historia de México. Cuauhtémoc vs Xicoténcatl. Traición vs resistencia soberana. Los murales de Desiderio Hernández no resuelven la contradicción —la presentan.
Lo que me quedó claro al caminar por Tlaxcala: la gente de aquí no está avergonzada de su historia. Están orgullosos de ella, aunque sea complicada. Eso, en un país que a veces prefiere la narrativa simple a la historia real, es refrescante.
Ve un día de semana. El fin de semana bajan excursionistas de la zona y el zócalo pierde algo de su magia tranquila.
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