El paste no es un antojito mexicano inventado en Hidalgo. Es un pastel de minero importado directamente de Cornualles, Inglaterra, en el siglo XIX, cuando los mineros cornish llegaron a Real del Monte — hoy Mineral del Monte — a trabajar en las minas de plata más productivas del mundo. El paste sobrevivió, se mezcló con los ingredientes locales y se quedó. El pueblo también.
Mineral del Monte está a 2,700 metros de altitud en la sierra de Pachuca, a unos 90 kilómetros del aeropuerto de la Ciudad de México. El viaje desde el AICM toma alrededor de hora y media sin tráfico. Desde Pachuca son veinte minutos en colectivo. La altitud lo convierte en uno de los pueblos más fríos de Hidalgo y uno de los más pintorescos del centro del país.
La historia inglesa que nadie cuenta completo
La empresa inglesa Real del Monte Co. tomó las minas en 1824, cuando la independencia reciente había dejado sin capital a los propietarios mexicanos. Llegaron cientos de mineros de Cornualles con sus familias, sus tradiciones y sus pastes. La primera inversión extranjera significativa en México independiente fue esta mina — dato que curiosamente no aparece en la mayoría de los libros de historia patria.
Los mineros cornish trajeron su idioma (galés y cornish), su religión (metodista y anglicana) y su comida. El cementerio inglés de Mineral del Monte, ubicado en las afueras del pueblo, tiene lápidas con nombres ingleses, inscripciones en inglés y galés, y una arquitectura funeraria que no tiene nada que ver con los panteones mexicanos de la época. Es uno de los lugares más extraños y emocionantes de Hidalgo, y la mayoría de los turistas que visitan el pueblo no lo incluyen en el recorrido.
El cementerio está a unos diez minutos caminando del centro. No tiene horario fijo ni cobro de entrada. Se llega siguiendo la calle que sube hacia la parte alta del pueblo y siguiendo las señales deterioradas que apuntan hacia él.
El paste: guía de consumidor
El paste está en todas partes en Mineral del Monte. Hay pasteterías en cada esquina del centro, cada una reclamando ser la más auténtica o la más antigua. La realidad es que la calidad varía y hay que probar para encontrar la preferida.
El paste tradicional lleva papa, carne molida y chile. Con el tiempo se desarrollaron versiones con tinga, rajas con queso, y versiones dulces con cajeta, fresas o manzana. Los precios van de $20 a $45 pesos por paste dependiendo del tamaño y el relleno.
El paste de papa con carne es el punto de partida. El paste dulce de fresa con crema es el postre que la mayoría pide sin haber planeado el postre. Las mejores pasteterías del centro suelen tener cola en fin de semana — si hay cola, probablemente es la buena.
Lo que no hay que pedir: pastes recalentados de microondas. Si el paste no está caliente del horno, mejor ir a otra.
Las minas y el museo
El Museo del Pueblo de Mineral del Monte tiene una colección que cuenta la historia minera de la región con buen nivel de detalle. La entrada ronda los $30-$50 pesos y el museo ocupa una antigua hacienda de beneficio parcialmente restaurada. No es el museo más moderno del mundo pero la historia que cuenta — la minería colonial, la llegada de los ingleses, el movimiento obrero de 1766 que fue una de las primeras huelgas documentadas de América — vale el tiempo.
Las minas activas o semi-activas del entorno tienen recorridos turísticos organizados. El acceso a la mina Santa Brígida, que en temporadas opera como atractivo turístico, cuesta entre $80 y $150 pesos y dura aproximadamente una hora. Conviene verificar si está operando el recorrido porque el calendario es irregular.
Pachuca como base
La estrategia más común es hacer Mineral del Monte desde Pachuca, que está a veinte minutos en colectivo y tiene mejor oferta de hoteles a menor precio. Los colectivos salen de la central de autobuses de Pachuca y cuestan $15-$20 pesos. El último colectivo de regreso a Pachuca sale relativamente temprano — pregunta el horario cuando llegues para no quedarte varado.
Pachuca tiene su propia historia y su propio centro histórico con la Torre del Reloj, el mercado y la catedral. Un día en Pachuca más un día en Mineral del Monte más una salida a Tulancingo o Atotonilco es un fin de semana completo desde la Ciudad de México.
Desde CDMX los autobuses ADO y otros salen de la Terminal del Norte hacia Pachuca. El boleto cuesta $150-$200 pesos y el viaje toma unas dos horas.
El frío y la neblina como parte del paquete
Mineral del Monte tiene niebla frecuente — más en temporada de lluvias pero también en el resto del año. Las mañanas de niebla hacen el cementerio inglés más apropiado de lo que ya es y las calles de piedra se ven mejor mojadas. No es niebla densa que te impida ver — es la niebla de montaña alta que entra y sale.
La temperatura media anual es de unos 11°C. El invierno puede bajar de 5°C en las noches. La ropa de abrigo es obligatoria y conviene llevar algo impermeable si vas en temporada de lluvias.
Qué más hay en el pueblo
El pueblo es pequeño pero tiene varios atractivos concentrados: el parque principal con sus arquitectura colonial de cantera gris, la iglesia del Señor del Cardonal, los miradores hacia el valle de Pachuca desde los extremos del pueblo, y las calles empedradas que suben y bajan con la pendiente del cerro.
Hay artesanías de trabajo en cantera y cuero en algunas tiendas del centro, aunque la artesanía más genuina que te puedes llevar de Mineral del Monte es un paste bien envuelto para el camino.
Resumen ejecutivo
Distancia desde CDMX: ~90 km, 1.5-2 horas Temperatura: 8-16°C promedio, más frío en invierno Presupuesto día: $300-$500 pesos (pastes, comida, museo, transporte local) Lo que no te pierdas: cementerio inglés, museo de la minería, pastes del horno en el centro Mejor temporada: octubre-febrero (días claros, frío genuino, menos turistas) Evitar: Semana Santa y puentes largos cuando el pueblo se llena de day trippers de CDMX
Mineral del Monte es el tipo de escapada que se puede planear el jueves para el sábado. Dos horas de camino, un cementerio galés, tres pastes y de regreso con frío en los huesos y algo para contar. Eso a veces es exactamente lo que el fin de semana necesita.
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