San Blas aparece en el libro de los Beatles. En 1968, mientras estaban en Rishikesh estudiando meditación transcendental con Maharishi, John Lennon escribió “Continuing Story of Bungalow Bill”. Hay una referencia críptica a un cazador de Nayarit. Paul McCartney escribió después una canción llamada “San Blas”, que nunca publicó pero existe en las grabaciones de archivo.
No sé si eso tiene algo que ver con por qué fui. Probablemente fui porque alguien en un hostal de Sayulita me dijo “ve a San Blas, todavía está bien” y le creí. Tenía razón.
Qué es San Blas y cómo llegar
San Blas es un pueblo de unos 17,000 habitantes en la costa de Nayarit, una de las pocas ciudades del estado que no fue absorbida por el corredor turístico de Puerto Vallarta-Nuevo Vallarta-Sayulita-Punta de Mita. Está algo apartado de ese eje, lo que lo hace menos accesible y más tranquilo.
Desde Guadalajara hay camiones de segunda clase hasta Tepic (3 horas, 180 pesos) y desde Tepic colectivos o camiones a San Blas (1 hora, 60 pesos). Total de trayecto: unas 5 horas y 240 pesos.
Desde Puerto Vallarta la ruta es más larga de lo que parece en mapa: 170 kilómetros pero por carretera sinuosa son 3 horas. Hay servicio de camión con trasbordo en Tepic.
Desde Mazatlán: 3.5 horas, trasbordo en Tepic.
El pueblo tiene una pequeña terminal de camiones en la calle principal. Los colectivos locales van a las diferentes playas.
Las aves: por qué San Blas es destino de birdwatching internacional
San Blas está en la lista de los 10 mejores destinos de birdwatching del mundo según varios listados especializados. La razón es la concentración extraordinaria de especies: se han registrado más de 540 especies de aves en la zona, que combina manglares, esteros, selva tropical y playa.
Las aves más buscadas por los observadores: el pato real, el saltarín, la hembra del gallito de agua, el pato enmascarado. También cotorras, loros, tucanes enanos, y en la temporada de migración, docenas de especies norteamericanas que invernan aquí.
El tour de La Tovara: el recorrido en lancha por los canales del manglar que lleva al manantial de La Tovara es el tour clásico de San Blas. Los lancheros salen del embarcadero en el río San Cristóbal, a un kilómetro del centro. El tour dura 2.5-3 horas y incluye el criadero de cocodrilos de La Tovara y el manantial donde puedes nadar en agua dulce azul-cristalina.
El precio oficial de la cooperativa de lancheros: 600-800 pesos por lancha (no por persona), para grupos de hasta 6. Un bote privado para dos personas es más caro por persona pero el recorrido vale más con silencio.
Lo que yo vi: garzas tricoloras, espátulas rosas (la más espectacular en vuelo), ibis de cara roja, patos, cormoranes y una anaconda en el borde del canal que el lanchero señaló sin inmutarse. “Siempre está ahí por las mañanas”, dijo.
Las playas: la recompensa al final de las nubes de jejenes
San Blas tiene playas largas, de arena oscura y oleaje del Pacífico Norte. No son playas para snorkel (el agua no es clara como en el Caribe), son playas para nadar, surfear, caminar y quedarse viendo el horizonte sin interrupciones.
Playa Borrego: la playa más cercana al centro, a 2 kilómetros. Arena oscura, oleaje moderado, sin servicios turísticos, prácticamente sin gente entre semana. El camino desde el centro es caminable.
Playa El Toro: al norte del pueblo, accesible en combi o taxi (30-40 pesos). Más larga que Borrego, con menos oleaje en la parte norte. Hay una pequeña palapa que vende ceviche y cervezas.
Bahía Matanchén: a 10 kilómetros al sur, tiene fama entre surfistas por sus olas largas en ciertos meses (las “olas más largas del mundo” es una exageración que circula desde los 60 pero el surf sí es bueno). El agua en la bahía es más tranquila que en las playas abiertas. Colectivo desde el pueblo: 25 pesos.
El aviso sobre los jejenes: San Blas tiene jejenes (jejenes, no mosquitos) que son minúsculos y que en ciertas épocas del año (especialmente mayo-octubre, al atardecer) pueden ser insoportables. Los locales les llaman “los sandflies” o simplemente “el problema de San Blas”. El repelente convencional no siempre funciona bien con jejenes; el aceite de coco o la crema de neem funciona mejor. Llevas cubrepiel para la tarde.
El pueblo: fuerte de Basilio y la vida cotidiana
San Blas fue un puerto importante en el siglo XVIII y principios del XIX. El fuerte de Basilio está en el cerro sobre el pueblo, en ruinas pero con buena vista al estero y a la costa. La entrada es libre, el camino de subida tiene unos 20 minutos y vale la pena en la tarde cuando la luz es buena.
El mercado municipal de San Blas, pequeño y funcional, tiene un par de puestos de mariscos y fondas. El pescado local (pargo, robalo, marlín) es excelente y barato: un filete a la plancha con guarnición: 95-120 pesos. El caldo de jaibas: 80 pesos.
La “cervecería” de San Blas es cualquier tienda con hielera. La vida nocturna no existe como tal: hay un par de bares que abren los fines de semana y cierran temprano. Esto es exactamente lo que hace de San Blas un descanso real.
Dónde quedarse
Hay hostales básicos en el centro del pueblo: 200-350 pesos la noche en dormitorio, 400-600 en cuarto privado sencillo. Los hoteles pequeños con jardín tropical cuestan entre 700 y 1,200 pesos.
Me quedé tres noches en un hotel familiar con palapa en el jardín y colibrís que desayunaban en las flores de las mañanas. 850 pesos la noche con desayuno de frutas tropicales incluido.
Presupuesto para 4 días
- Transporte Guadalajara-San Blas-Guadalajara: 500 pesos
- Hospedaje 4 noches: 2,800 pesos
- Comida: 2,200 pesos
- Tour La Tovara (lancha compartida): 400 pesos
- Transporte local a playas: 300 pesos
- Total: 6,200 pesos
San Blas es el antídoto contra Sayulita. Mismo Nayarit, misma costa, misma selva. Sin boutique hotels con murales de Frida Kahlo, sin tacos de 120 pesos, sin influencers haciendo poses en la playa. Solo manglares, aves, jejenes y el mar del Pacífico que no sabe que tiene que ser Instagram-friendly.
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