Llegué a Tlacolula un domingo sin mucho plan. Había leído que el mercado era grande. No había leído bien qué tan grande.
El mercado de Tlacolula los domingos ocupa la plaza central, las calles que rodean la plaza, el interior del mercado cubierto, y desborda hacia tres o cuatro calles adicionales en dirección norte y sur. La primera impresión es desorientación: hay demasiado para procesar de una vez. La segunda impresión, una vez que el cerebro empieza a categorizar, es que estás en uno de los mercados más completos y auténticos de todo México.
Cómo llegar desde Oaxaca
Tlacolula está a 31 kilómetros al oriente de Oaxaca por la carretera 190. El transporte es fácil:
Colectivo desde Abastos: desde la sección oriental del mercado de Abastos en Oaxaca salen colectivos hacia Tlacolula toda la mañana del domingo. Boleto: 20-25 pesos. Duración: 40 minutos con paradas en las comunidades intermedias.
Autobús de segunda: desde la central noreste de Oaxaca, también hay camiones hacia Mitla que pasan por Tlacolula. El precio es similar.
Auto rentado: estacionar en Tlacolula los domingos es difícil. El pueblo entero se llena de tráfico. Si vas en auto, llega antes de las 8 AM y acepta estacionar lejos del centro.
Horario recomendado: llegar entre 8 y 9 AM. A las 7:30 AM el mercado ya está completo. A las 11 AM la plaza ya tiene una densidad de personas que hace difícil moverse. Para el mediodía, muchos vendedores de perecederos ya están desmontando.
El mercado por secciones
El mercado de Tlacolula no tiene una organización que el visitante de primera vez pueda descifrar de inmediato. Pero hay patrones:
La plaza y las calles circundantes: productos frescos (verduras, frutas, flores), ropa y telas, artículos de plástico y aluminio de cocina, artesanías, calzado, jugos y aguas frescas.
El interior del mercado cubierto: carnicería con tasajo, cecina y chorizo; lácteos (quesillo, requesón, crema); especias y chiles; puestos de comida.
Las calles hacia el norte: el corredor del mezcal. Aquí es donde los productores de las comunidades mezcaleras del valle —Santa Ana del Río, San Dionisio Ocotepec, San Juan del Río— traen sus mezcales directamente. No hay etiquetas. Hay garrafas de plástico y botellas recicladas llenas de mezcal que no saldrá nunca en una revista de diseño. Es el mejor mezcal que vas a tomar en Oaxaca.
El extremo sur: animales de granja (guajolotes, pollos, conejos, patos) que se comercian entre productores rurales. No es espectáculo turístico. Es comercio real.
El mezcal de pechuga: la historia del domingo
Estaba caminando por el corredor de mezcales cuando un señor de unos sesenta años, sombrero de palma, me ofreció probar. “Prueba esto” —sin más. Extendió una tapa de plástico con un poco de mezcal.
Era mezcal de pechuga. El mezcal de pechuga es una categoría especial: mezcal ya destilado que se redestila con ingredientes adicionales —frutas, especias, hierbas, y una pechuga de guajolote o pollo cruda colgada en el alambique durante la destilación. Las proteínas y grasas de la pechuga absorben parte de los compuestos más agresivos del destilado. El resultado es más suave, más complejo y más aromático que el mezcal base.
El de este señor tenía notas de ciruela pasa, canela y algo que tardé diez minutos en identificar: hierba santa. Me dijo que la pechuga era de guajolote de rancho y que lo hacía una sola vez al año, en noviembre, porque los guajolotes están más gordos después del verano.
El precio: 600 pesos el litro. Compré medio litro en una botella reciclada de refresco que él llenó en el momento. Ese medio litro sobrevivió los controles de equipaje de regreso a casa.
El mezcal de pechuga en tiendas de diseño de Oaxaca cuesta entre 1,200 y 2,000 pesos la botella de 750 ml. La diferencia es la etiqueta, la distribuidora y el local que lo vende.
Qué comer en Tlacolula
Los puestos de comida dentro del mercado cubierto de Tlacolula tienen algunos de los platillos más honestos de los valles:
Barbacoa de chivo: el chivo se cocina desde la noche anterior en horno de tierra (igual que la cochinita pibil pero con especias de Oaxaca). La carne queda deshebrada, jugosa y con el sabor profundo del chile pasilla y el tomillo. Se sirve en taco de tortilla de maíz. Precio: 35-50 pesos por taco. Un plato con tres tacos y sopa de barbacoa: 120-150 pesos.
Memelas de maíz azul: una especialidad de la región de los valles. La masa azul es más aromática que la blanca. Las memelas se hacen gruesas, se fríen ligeramente y se cubren con frijoles, asiento y salsa. 35-45 pesos cada una.
Tejate: bebida precolonial de cacao, maíz y mamey sapote mezclados con agua fría. Se bate hasta hacer espuma. Es espesa, casi cremosa, con un sabor a chocolate amargo y algo terroso. No sabe a Nesquik. Sabe a algo de 3,000 años de antigüedad. Precio: 25-35 pesos el vaso.
Los artesanos de Tlacolula
El mercado tiene vendedores de artesanías de las comunidades del valle: tapetes de lana de Teotitlán del Valle (a solo 4 km), alfarería de San Marcos Tlapazola, textiles de San José Mogote.
Los precios de los tapetes de lana de Teotitlán en el mercado de Tlacolula son un 20-30 por ciento más bajos que en las tiendas de la ciudad de Oaxaca. Un tapete de 60 x 90 cm tejido a mano con tinturas naturales: 600-1,000 pesos dependiendo del diseño. En tienda turística: 1,200-1,800 pesos.
La negociación es posible pero no agresiva. Si hay algo que te interesa, pregunta el precio, ofrece el 80 por ciento y llega a un acuerdo. No ofrecer menos del 70 por ciento.
El contexto del mercado dominical en Oaxaca
El sistema de mercados dominicales en los valles de Oaxaca viene de antes de la conquista. Cada pueblo del sistema Zapotec tenía su mercado en un día diferente para que el comercio circulara entre comunidades sin competencia directa. Los arqueólogos han encontrado evidencia de este sistema de mercados rotacionales en los valles de Oaxaca desde el período preclásico (500-100 a.C.).
Lo que ves en Tlacolula los domingos es la continuación directa de ese sistema. No es folclore para turistas. Es economía real que lleva milenios funcionando con ajustes menores.
Ir a Tlacolula el domingo y entender eso —que estás en medio de un sistema económico de dos mil años— cambia la experiencia. Ya no es un mercado pintoresco. Es una institución social que ha sobrevivido la conquista española, la independencia, la revolución y el neoliberalismo. Y ahí está, los domingos, tan funcional como siempre.
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