Salí de la Central del Norte a las 8:15 de la mañana. El autobús a Tula de la línea Grupo Estrella Blanca tarda entre hora y media y dos horas dependiendo del tráfico en la salida de la ciudad. Cuesta alrededor de 120 pesos ida, y sale seguido —cada media hora más o menos. No necesitas reservar, simplemente llegas y compras boleto.
Lo que nadie te dice antes de ir a Tula: es un pueblo pequeño, tranquilo, y los Atlantes —esas figuras monumentales toltecas que salen en todos los libros de historia— están a solo tres kilómetros del centro. Puedes caminar o tomar un taxi por 50 pesos.
La zona arqueológica: lo que vale el viaje
Llegué a la zona arqueológica pasadas las 10. La entrada cuesta 95 pesos (precio INAH vigente, más un pequeño cobro por estacionamiento si vas en auto). Calculé que tenía cuatro horas antes de que el sol se pusiera imposible.
Los Atlantes de Tula son cuatro guerreros de basalto de casi cinco metros de altura. Estuvieron por siglos tirados, caídos, olvidados, y ahora sostienen —o sostendrían, porque en realidad están sobre una plataforma— el templo de Quetzalcóatl. La escala te golpea cuando te paras junto a ellos. No es como ver una foto.
El sitio tiene también el Coatepantli, el muro de serpientes, y varias estructuras que en temporada de lluvias se ven espectaculares rodeadas de verde. Fui en marzo y el paisaje era más seco, pero la luz de la mañana pegaba bien sobre la piedra.
Calcula entre una hora y media y dos horas para recorrer todo el sitio con calma. Hay un pequeño museo al lado de la entrada que vale 15 minutos —hay piezas originales, chac-moles, relieves.
Comer en Tula: fuera del sitio arqueológico
Al salir, tomé un taxi de regreso al centro (50 pesos fijos, el taxista me lo dijo antes de subir). En el mercado municipal encontré el desayuno que me faltaba: enchiladas mineras —sí, como en Guanajuato pero con variación local— por 60 pesos. Las hacían con chile ancho y una capa de queso que olía a cosa seria.
Hay varios restaurantes alrededor de la plaza principal. El menú del día en la mayoría ronda los 80-100 pesos: sopa, guisado, agua y postre. Nada especial, pero honesto y abundante.
Lo que sí es especial: las pulquerías. Tula tiene varias y no son de las turistificadas. Pregunté en la calle a un señor mayor y me llevó caminando a una que no tenía nombre en la fachada, solo una bandera de colores colgada. Curado de guayaba a 25 pesos el litro. Me quedé ahí casi una hora.
El centro de Tula: más de lo que parece
La parroquia de San José está en el centro y tiene un retablo churrigueresco que vale detenerse a ver. Al lado hay un mercado de artesanías modesto pero con algunas piezas interesantes —réplicas de los Atlantes en diferentes tamaños, tejidos de la región.
Tula también tiene una historia de ciudad industrial —la refinería PEMEX marca presencia en las afueras— pero el centro histórico ha logrado mantenerse con identidad propia. Hay una zona de callejones cerca del río que a media tarde se llena de gente local.
El regreso: sin complicaciones
El regreso a CDMX lo tomé desde la central de autobuses de Tula. Hay salidas hacia la Central del Norte y también hacia el aeropuerto de la ciudad (un detalle útil si vas o vienes de vuelo). El último autobús suele salir entre las 8 y 9 de la noche, así que si llegas temprano tienes todo el día con margen.
Cuánto gasté ese día
- Autobús ida y vuelta: 240 pesos
- Entrada zona arqueológica: 95 pesos
- Desayuno en mercado: 60 pesos
- Taxis dentro de Tula: 100 pesos
- Comida + pulque: 130 pesos
- Agua, café, propinas: 80 pesos
- Total: aproximadamente 705 pesos
Para ser un día completo fuera de la ciudad, es de los más baratos que puedes hacer desde CDMX. Y es un destino que muchos chilangos tienen pendiente desde la clase de historia de secundaria pero nunca terminan de visitar.
Lo que me llevé
No fui esperando quedar impresionado. Tula no es Teotihuacán ni Chichen Itzá —no tiene esa escala masiva ni los millones de visitantes. Pero eso es exactamente lo que le da su carácter. Caminé por el sitio arqueológico casi solo en varios momentos. Pude acercarme a los Atlantes sin que nadie me empujara para tomarse foto.
Si vives en CDMX y tienes un sábado libre, Tula es una de esas escapadas que no te va a fallar. Regresé en autobús a las 5 de la tarde, en casa antes de que cayera la noche, con la cabeza llena de historia y el curado de guayaba todavía rondando.
Tips para tu visita
- Cuándo ir: cualquier día de la semana. Entre semana está más vacío.
- Qué llevar: protector solar, agua, zapatos cómodos para el sitio arqueológico.
- Evita: los tours organizados desde CDMX —te cobran el doble y te quitan la libertad.
- Combina: si tienes dos días, quédate una noche y visita también Actopan, a 40 minutos.
- Guarda tiempo para el mercado y al menos una pulquería. Son la mitad del viaje.
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